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01 de septiembre 2023 Viernes de la XXI semana del Tiempo Ordinario.

Apostolado en Línea para la Sanación de las Familias y sus Linajes

Sep 4 2023 • 30 mins

SOMOS PRUDENTES SI VIVIMOS EN PERMANENTE PREVISIÓN.


San Mateo 25,1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco, necias. Las necias llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las prudentes, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!‘ Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando‘. Las prudentes les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo‘.

Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos‘. Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco‘.

Por eso, estén preparados, porque no saben ni el día ni la hora”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.


La palabra “prudente” aparece en otras traducciones como “previsor”, así como la palabra “necia” se traduce como “descuidada”. Esto nos ayuda para precisar la necesidad de tener el suficiente aceite para la espera del esposo, el cual se tardó hasta la medianoche.


Otra clave de interpretación del binomio prudente-imprudente sería el de consciente-inconsciente, dado que realmente las previsoras supieron anticiparse a la espera prolongada con más aceite, en cambio las otras fueron sorprendidas con este hecho, es decir no fueron conscientes de dicha previsión.


La palabra “prudente” aparece siete veces en todo san Mateo, de las cuales cuatro veces está en esta parábola, la encontramos en la parábola del siervo que espera a su amo cumpliendo a tiempo con su deber (24,45), las otras dos veces está cuando Jesús les da instrucciones a los discípulos para que realicen la misión (10,6) y la primera es cuando termina el sermón de la montaña y explica a quien se parece aquel que escucha y pone en práctica las Palabras que les ha enseñado (7,24).


Por lo tanto, dada la enseñanza concreta de la parábola de las diez vírgenes, se entiende aún mejor si se les llama a unas “previsoras” y a las otras “descuidadas”, pero en el contexto general del evangelio es mejor quedarnos con el término “prudente” y su contrapuesto “necio” o “insensato” (7,26), para tener una enseñanza más amplia.


Ser prudente es “escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica” (7,24), es tener el cuidado de no verse atrapados con ideas falsas ni andar en lugares indebidos, como las serpientes cuidan de que nadie les ataque su cabeza y son sigilosas en sus movimientos (10,6), es mantenerse “vigilantes” en la espera de Jesús en su segunda venida (24,44) y de acuerdo a la enseñanza de la parábola de las diez vírgenes, ser prudente es mantenerse con la espera (aceite) suficiente. Esta espera supone nuestra atenta prevención, la cual se puede traducir de muchas formas, en sentido positivo haciendo ya por adelantado lo que debemos hacer y en sentido negativo, evitando con mucha anticipación lo malo que pudiera suceder. En el fondo siempre se espera la respuesta personal, desde la cual damos nuestro consentimiento a priori de cómo pretendemos enfrentar los problemas o las exigencias de nuestra vida.


No esperamos a Jesús cuando nos entretenemos en cosas que contradicen su enseñanza, cuando no amamos a Dios y al prójimo; entonces cuando


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